En BuenNacer, organización pionera en la formación de parejas para el parto humanizado en Venezuela, es frecuente oír a las preparadoras llamar cariñosamente a las mujeres preñadas “las barrigonas” y a sus maridos “”los barrigones”. En sus cursos de preparación para el parto tuvieron que abrir -a petición de “los barrigones”- un espacio de encuentro y discusión específico para los gestantes, bajo el argumento de que no era suficiente acompañar a sus parejas, ellos también tenían cosas particulares que trabajar en relación con el embarazo y el parto.
En ese espacio íntimo y protegido de chalequeos machistas que crearon en BuenNacer los hombres se atreven a compartir sus vivencias particulares en su condición de “preñados”: los miedos y angustias por la salud del/la bebé; lo atractivas que les resultan sexualmente las voluptuosas y redondas formas de sus amadas; el temor a la responsabilidad económica que se avecina y ¡sorpresa! Las nauseas, los vómitos, los calambres, los dolores de barriga, los cambios de humor, el cansancio y la presión arterial baja ¡qué están sufriendo con el embarazo! Al principio del embarazo vomité mucho y me venían como unos mareos. Después agarré una comedera… además me antojé de comidas que nunca me habían llamado la atención, que si cambur con leche, buñuelos, jugo de remolacha, que se yo – cuenta un barrigón; Me siento cansado y me dan calambres con mucha facilidad, mientras ella que es la que tiene la barriga anda tranquilaza, como si nada… cuenta otro mientras suelta la carcajada.
En el libro “El hombre embarazado. Manual de supervivencia”, de Rodolfo Sbrissa, el periodista Guillermo Andino cuenta: Durante los primeros tres meses, Carolina, mi mujer, tenía nauseas y vomitaba todos los días. Sólo uno de los noventa días no vomitó y el que tuvo los síntomas fui yo. Y, aunque no lo puedan creer, ¡vomité bilis! Igual que ella cuando se levantaba.
Lo relatado por estos hombres no son hechos aislados ni producto de la imaginación. Es el denominado Síndrome de Couvade (couver, que significa incubar en francés) que afecta a muchos hombres que van a ser padres. Según los expertos, entre el 10 y el 65 por ciento de los esposos gestantes sufren este síndrome y pueden presentar desde cambios de humor, náuseas, vómitos, cansancio, presión arterial baja y calambres en las piernas hasta dolores abdominales similares a las contracciones uterinas.
Según los estudiosos, este fenómeno encuentra su explicación en dos esferas: la psicológica y la orgánica. En 1994, un grupo de investigadores de la Universidad de Pisa llegaron a la conclusión que el Síndrome de Couvade sería el equivalente psicosomático de los rituales primitivos de la iniciación en la paternidad. En el plano biológico, varios estudios han evidenciado que la paternidad produce cambios hormonales en el hombre: la prolactina aumenta semanas antes del nacimiento y también se registran aumentos del estradiol y el cortisol. Incluso los niveles de testosterona pueden reducirse notablemente durante los días posteriores al nacimiento. Es decir, que los hombres experimentan cambios hormonales asociados a la paternidad, similares a los maternales. Por eso en BuenNacer les llaman los barrigones.
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